Susana Pérez Barrera

Un día de 1971, en Huelva, mi madre decidió dar a luz y yo verla.
Salió una enana que se formó tímida, asustada, observadora por callar.
Decidió dibujar todo lo que sentía, todo lo que imaginaba. Cuando creció estudió algo que llaman licenciatura.
Ella sintió licencia para “matar” lo desconocido y también lo feo, lo que no le gustaba. Munición: la imaginación, la naturaleza, la lectura, los pinceles, bolis, lápices, pigmentos, cosas para pegar… la bici, el arte, mirar y observar el mundo siempre con una sonrisa…
Ahora esa enana quiere ser feliz, como un cochino en un charco, como los de su tierra, jamón de 5 jotas.
A veces, muchas veces, las cosas parecen ser lo que no son, a veces las palabras, los garabatos, los trazos, personajes… llaman a mi mente, cogen sus sillas, se instalan, crean pensamientos y me dan la lata hasta que les hecho cuenta. En mis cuadernos los vuelco y comienzan a vivir, ellos dicen que me necesitan, pero pienso que soy yo quien depende de ellos. De una forma u otra la fantasía, la magia quiere seguir enriqueciéndose…